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Cierra
los ojos e imagina que todo lo maravilloso que has vivido
aquí, en España durante los últimos
años ha sido un sueño: no hay libertades,
no eres igual al resto, no tienes voz ni derechos. Podrías
estar viviendo en casi cualquier país del mundo,
pero tienes la inmensa suerte que te lo estás imaginando,
que estás en España, en 2007.
Comienzo
así porque me he acostumbrado a contar historias,
a hablar de lo que sucede, desde las imágenes.
No hay nada más potente, no hay arma más
fantástica que el Cine. Y ahora que lo pienso,
qué curioso que al proyector digital se lo llame
“cañón”.
Todo lo que se ve en pantalla (sea en la televisión,
sea en el cine) tiene como un “baño de aceptación”,
casi como si legitimase lo que se puede ver allí.
Quizás sea por eso que las dictaduras, y los gobiernos
totalitarios en general, lo primero que suelen hacer es
censurar películas.
Las palabras no llegan del mismo modo que las imágenes,
es claro y eso no es ningún descubrimiento. Y aún
mejor que las imágenes que pueden verse en la pantalla
es ser parte, estar allí, vivirlo.
Hace poco ha sido el Día del Cooperante, donde
se recuerda a las españolas y españoles
que han decidido ser parte del cambio, sea en el ámbito
que fuere, y desde sus ordenadores o viajando literalmente
a Timbuktú (Malí) cambian el mundo.
En Uganda violan y matan a las mujeres negras lesbianas
porque la sociedad actual considera que son peores que
los animales porque reniegan de su rol reproductor. Si
eres activista, tan solo si descubren que estás
en pareja con otra chica, puede ser tu sentencia de muerte.
Miles de lesbianas y gais latinoamericanos eligen España
año a año como su nuevo hogar, y eso no
sólo porque aquí se vive mejor. Hay otros
motivos, que no aparecen en los periódicos; por
ejemplo, en Nicaragua están prohibidas las Asociaciones
Gais y hay países donde todavía puedes ir
preso por repartir condones en la calle. Eso sin contar
cómo la policía en Argentina extorsiona
a gais de buena posición económica para
no sacarlos del armario en su trabajo, o cómo en
Venezuela se ha prohibido que los grupos LGBT desfilen
en las manifestaciones del 28 de Junio pasado.
Todo esto es más común de lo que la gente
cree, porque es invisible: poca gente sabe qué
sucede allí afuera. Basta con preguntarle a un
ecuatoriano o a una uruguaya qué pasa en su país
si se besan con su pareja en una disco o a la entrada
del cine.
Cierra
los ojos, desea con todas tus fuerzas que lo que viven
millones de personas en todo el mundo sea un mal sueño.
Colabora de la forma que puedas a cambiar el mundo: abre
los ojos.
Escribe
a cooperacion@fundaciontriangulo.es
y ayúdanos a abrirle los ojos al mundo.
Gerjo
Pérez Meliá
Director del LesGaiCineMad |